| Impresiones de Italia. Y algún consejo. | 17 de noviembre de 2006 |
Acabo de llegar de Italia. Fueron ocho días visitando Roma, Florencia y Venecia. Fue uno de esos viajes que yo llamo de ermitaño: mochila, albergues y sin otra compañía que la de los co-alberguistas. Es una manera de viajar que, aunque a veces puede ser un poco dura (por eso de que se echa más de menos a familia y amigos), potencia muchísimo las sensaciones que te producen determinados lugares.
¿Y cómo es Italia? Pues seguro que todo el mundo ha visto centeranes de veces las fotos del Coliseo, San Pedro, la plaza de San Marcos en Venecia... y seguro que también ha oído centenares de veces eso de que está llena de arte y cultura.
Pero aun así hay que visitarla para apreciar realmente la complejidad de Italia. Más allá de los tópicos (las pizzas REALMENTE están buenísimas, y REALMENTE hay arte y cultura sin tino) contiene algunas joyas que suponen una visita obligada en el crecimiento personal de una persona. Especialmente, es toda una experiencia trascendental la visita a la Basílica de San Pedro. Es casi imposible no emocionarse en el interior de este templo, con independencia del credo que tenga uno (la apreciación del arte trasciende de religiones).
Y por encima de todo, Venecia. Es una isla sacada de los sueños: extraña, surrealista, siniestra, decadente, desconcertante... a partir de ahora, las típicas frases de tal ciudad es la Venecia de nosedonde o es más o menos como Venecia me parecerán chorradas. Venecia es totalmente inigualable.
Pueden ver una pequeña selección de las fotos del viaje aquí.
Y ahora un consejo: los muy escrupulosos deberían evitar los albergues italianos, que son bastante... cutres, al menos comparados con los de otros países. Y si uno decide asumir el riesgo y usar albergues, que NI SE LE OCURRA ir al albergue Beautiful Hostel, de Roma: parece un escenario de Silent Hill.






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