Yeray-Muad'Dib Blog  

Un caótico depósito de reflexiones, recuerdos y paridas mentales.

La eterna discusión 5 de febrero de 2007

Hoy toca un poco de polémica, para desahogarme de un tema que me toca muy de cerca.

La violencia en los videojuegos no es nueva. Muchos de los juegos etiquetados como sangrientos y peligrosos son cuentos infantiles comparados, por ejemplo, con chiller, un arcade de sadismo brutal que data de 1986. Lo que sí es nuevo es que de repente ciertos estamentos de alta repercusión mundial, como la UE o el mismísimo Papa hayan levantado sus voces contra la violencia en los videojuegos.

Con esto la polémica está servida: Empecemos por las opiniones desinformadas. Con todos mis respetos, dudo mucho que en las estancias vaticanas o en los despachos de los ministros europeos se vean muchas consolas. Para juzgar un tema es necesario conocerlo a fondo, y a menudo los argumentos de los restriccionistas demuestran una gran ignorancia de un mundo inmensamente variado, complejo y heterogéneo como es el de los videojuegos.

Y luego está el agravio comparativo: ¿Porqué se demonizan los videojuegos violentos y no el cine violento? Se puede argumentar que el carácter interactivo e inmersivo de los primeros puede causar un mayor impacto en mentes sensibles, pero el contraargumento sería que una sala de cine, a oscuras, con pantalla gigante y sonido THX, puede ser tan o más inmersivo que un videojuego, y que la interactividad también existe en actividades físicas como las artes marciales o juegos de recreo, en donde hay más ensañamiento y que cuentan con beneplácito social.

Estos dos argumentos son conocidos y se debaten habitualmente, pero aun así hay otros más sutiles pero que deben ser valorados: no se puede establecer una relación causa-efecto cuando el consumidor habitual de videojuegos suele estar sometido a muchos otros estímulos culturales y sociales. Además, los jugadores auténticamente experimentados sabemos que la capacidad de los videojuegos más polémicos (San Andreas, Carmaggeddon...) para transmitir valores o modificar nuestra conducta es inexistente: un cafre no es cafre por jugar a los videojuegos, sino probablemente por vivir en entornos sociales y familiares desintegrados y problemáticos.

Y por último y para zanjar la cuestión: hoy en día los videojuegos tienen perfectamente etiquetados en la caja las edades a las que van dirigidos y los contenidos delicados que puedan tener. Por lo tanto, ¿qué proponen estos demonizadores? ¿Censurar los contenidos? Empecemos por ahí y sentaremos un precedente abominable que afectaría a cualquier tipo de arte o medio de comunicación. ¿Prohibir su venta a menores? Pues hagámoslo también con películas, discos y juguetes violentos, o caeremos en una inmensa hipocresía. ¿Aconsejar a los menores que no jueguen con videojuegos potencialmente peligrosos? Seamos serios...

Conclusión: lo único que deben hacer los padres preocupados por esta cuestión es acercarse a sus hijos. Informarse, y cuando su chaval de 7 años le pida el "San Andreas" (que tal y como se especifica en la caja, no es adecuado para esas edades), pues currárselo un poco y comprarle "The Sims" o cualquiera de los "Legend of Zelda", que son juegos maravillosos que al chaval le van a entusiasmar. Así de sencillo. Pero claro, aún es más sencillo rasgarse las vestiduras y acusar a los autores de videojuegos de provocar el colapso de la civilización occidental.

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