Yeray-Muad'Dib Blog  

Un caótico depósito de reflexiones, recuerdos y paridas mentales.

General y panadero 17 de febrero de 2007

En el momento de escribir esto ya se puede ver en las salas de cines Cartas desde Iwo Jima, la conclusión del díptico de Clint Eastwood sobre la sangrienta batalla del pacífico. De la primera parte, Banderas de nuestos padres, escribí en su día un post, así que parece lógico que también escriba uno de ésta.

Cartas de Iwo Jima se centra en el lado japonés del enfrentamiento. No es la única diferencia con respecto a su predecesora. Si la primera se centraba en torno al concepto del heroísmo y su faceta manipuladora, la recién estrenada enfoca el relato en la colisión entre los valores tradicionales del Japón antiguo y las nuevas corrientes de pensamiento influenciadas por la cultura occidental. Este enfrentamiento se materializa en la relación entre los altos mandos que han adquirido una perspectiva más amplia a través del intercambio cultural, los generales que aún defienden a ultranza un modo de vida ya condenado a morir, y los soldados rasos que sólo pretenden regresar vivos a su hogar.

Las dos películas están narradas con un estilo sumamente poético y sutil, pero en este caso la historia fluye con más fluidez. El guión se toma su debido tiempo para que captemos todas las sutilezas y complejidades de un conjunto tan dispar y complejo de personalidades. En el apartado técnico, la fotografía es de una elegancia soberbia, y las imágenes del Suribachi bombardeado son poderosísimas.

Se esperaba mucho del equipo formado por tres de los mayores genios del cine actual (Clint Eastwood en la dirección y guión, Paul Haggis como co-guionista y productor ejecutivo, y Steven Spielberg en la producción), pero el resultado es uno de los trabajos más extraordinarios del cine bélico. O más bien cine antibelicista.

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