Yeray-Muad'Dib Blog  

Un caótico depósito de reflexiones, recuerdos y paridas mentales.

Ciudades oscuras 20 de marzo de 2007

Hace ya algunos años que el gran escritor y crítico Benoît Peeters comenzó su fascinante saga Las Ciudades Oscuras. En una de ellas, Las murallas de Samaris, imaginaba una ciudad que, a modo de enorme planta carnívora, atraía a sus presas (los visitantes) y las engullía hasta hacerlas formar parte de ella.

Realmente, cuando uno se pone a pensar sobre ellas, las ciudades pueden ser lo más parecido a un ser vivo no humano que ha creado el hombre. Al fin de cuentas, son sistemas enormemente complejos, dinámicos, crecientes y mutables, y hace tiempo ya que se hacen analogías entre los componentes de un organismo y los de una ciudad (las carreteras son el sistema circulatorio, los humanos serían las células, los conflictos sociales y violentos las enfermedades, etc.). Si uno se pone a divagar, quién sabe, tal vez en un futuro de macro-ciudades de cientos de millones de habitantes, una de ellas podría llegar a desarrollar algún tipo de consciencia de sí misma. Al igual resulta que un colectivo de cientos de millones de habitantes interactuando puede llegar a funcionar como un cerebro de un animal primitivo, en el que cientos de millones de neuronas establecen sinapsis. Cosas más raras se han visto.

Y volviendo un poco a un nivel menos divagatorio, lo cierto es que cada urbe suele tener una personalidad bastante definida, que aunque no estoy muy seguro de qué depende, probablemente tiene algo que ver con la arquitectura de sus edificios, la coexistencia con elementos naturales, los tipos de servicios y locales que alberga, y el carácter mismo de sus habitantes. Estos rasgos de personalidad (y ahora vuelvo a divagar), como en toda creación humana, son similares a los que se usan para describir a las personas, y de hecho muchas veces coinciden los descriptores cuando se califican obra y creador (en el caso de las ciudades sería su población). Poniendo como ejemplo a mis tres ciudades favoritas, Tarifa (Cádiz), Edimburgo (Escocia) y Venecia (Italia) las podría describir usando términos como simpática, sociable y mestiza la primera; intelectual y algo sobria la segunda; sofisticada, fascinante y algo decadente la tercera. Curiosamente, coinciden casi por completo con la descripción de sus habitantes, si no fuera porque en Venecia sólo se ven japoneses, que dudo mucho que sean los nativos de la ciudad.

En fin. A modo de conclusión: aunque vivir en una gran urbe puede sacar de quicio y deprimir profundamente, si uno se detiene a ver más de cerca estas monstruosidades se da cuenta que pueden llegar a ser fascinantes.

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