Yeray-Muad'Dib Blog  

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La moralidad del universo, según Allen 30 de agosto de 2007

Hace ya unos cuantos meses hablé un poco sobre la figura de Woody Allen. Hoy quisiera comentar un poco una de sus películas menos conocidas, Delitos y Faltas, aprovechando que la volví a ver anoche.

La película, de forma muy resumida, narra el conflicto en el que se ve sumergido un destacado y prestigioso oftalmólogo de Nueva York cuando su amante decide que no sólo no quiere salir de su vida, sino que está dispuesta a que su mujer conozca la verdad. Paralelamente, un productor cinematográfico interesado en contar historias profundas y complejas tiene que aceptar el encargo de narrar la vida de un pendate director de moda.

Aunque ésa es la sinopsis, la intención de la película es ofrecer un inmenso debate sobre el concepto de la moralidad: ¿vivimos en un universo frío y vano en el que nuestras acciones, de quedar legalmente impunes, no tienen más repercusión que las que quedamos darle? ¿o por el contrario vivimos en un sistema intrínsecamente moral en el que ninguna de nuestras decisiones queda sin castigo o recompensa?

Existen dos triángulos independientes de personajes: en primer lugar tenemos a un rabino que cree firmemente en un tejido moral en el universo (y que en uno de los detalles más geniales de la película se va quedando ciego conforme avanza el relato), el doctor que se enfrenta a la necesidad de resolver un problema mediantes unos métodos que despiertan los resquicios de su eduación religiosa y su hermano, carente totalmente de condicionamientos éticos. Por otro lado, tenemos al director con aspiraciones intelectuales y creativas, la celebridad de éxito que ofrece al público lo que pide y el profesor de filosofía que aparentemente ha alcanzado un estado de iluminación personal. La interacción entre estos personajes, así como las consecuencias que producen sus acciones, dan pie a una profunda reflexión sobre la naturaleza del hombre y su relación con el universo. Y, en contra de lo que pudiera parecer, no es una película aburrida: la narración es fluida, y los personajes de Woody Allen y Alan Alda aligeran eficazmente el ritmo grave de la historia del doctor.

Para terminar, quisiera reproducir un fragmento de los hermosos monólogos del profesor Levy, el filósofo:

"A lo largo de toda nuestra vida hemos de enfrentarnos a decisiones angustiosas, elecciones morales. Algunas son a gran escala, la mayoría de estas elecciones se centran en cuestiones menores. Pero todos nosotros nos definimos a través de nuestras elecciones. Somos, de hecho, la suma total de nuestras elecciones. Pero los acontecimientos se producen de una forma tan imprevisible, tan injusta... la felicidad humana no parece estar incluida en los designios de la creación. Sólo nosotros, con nuestra capacidad de amar, podemos dar significado al universo indiferente. Con todo, muchos seres humanos poseen la facultad de buscar, y aún de hallar, la alegría en cosas simples como la familia, el trabajo... y la esperanza de que las generaciones futuras comprenderán mejor."

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