Yeray-Muad'Dib Blog  

Un caótico depósito de reflexiones, recuerdos y paridas mentales.

El primer candidato de Manchuria 16 de septiembre de 2007

El mensajero del miedo (cuyo título original, mucho menos trillado que el "traducido" es The Manchurian Candidate) es una novela de Richard Condon que fue adaptada al cine por John Frankenheimer en 1962. Años después, en el 2004, Jonathan Demme realizó una nueva adaptación. En este post voy a hablar de la primera versión, y en unos cuantos días espero complementarlo con el de la versión de Demme.

Pues eso, centrándonos en la versión Frankenheimer: uno de los primeros pensamientos que se me pasaron por la cabeza cuando la veía era: ¿Cómo demonios podía un espectador de 1962 asimilar esta película?. Y es que incluso hoy en día, cuando estamos terriblemente desensibilizados y adormecidos ante la avalancha sensorial y audiovisual a la que nos vemos sometidos, la película sigue siendo estremecedora. Parece que hay algo oscuro e inquietante en sus escenas, y no sólo es por lo terrible del argumento: los personajes parecen patéticos títeres indefensos y maleables frente a una entidad profundamente malvada, omnipresente, incorpórea.

Para situarnos un poco más, la película aborda el siempre terrible asunto de los lavados cerebrales y la manipulación del subconsciente: un grupo de soldados estadounidenses son capturados y sometidos a una sesión de condicionamiento mental, por el cual sus recuerdos quedan distorsionados, y en el caso de uno de ellos queda a merced de las órdenes de los agentes enemigos, que pueden "activar" su obediencia al verse sometido a determinados estímulos disparadores.

Ya de por sí el tema tiene meollo, pero su tratamiento es arrollador: las clases políticas norteamericanas parecen difuminarse con el malvado retrato de las facciones enemigas, y da la impresión de que los únicos actos de bondad tienen lugar entre personas prácticamente desconocidas. Todo ello retratado con unos planos ominosos y estremecedores, y un tono que en algunos momentos oscila entre la pesadilla inquietante y el espanto de la fragilidad humana.

La leyenda también acompaña a la película, contribuyendo a su aura oscura: Pocos años después de finalizada, y con sólo unos pocos pases exhibidos por televisión, Frank Sinatra (coprotagonista) se empeñó en retirarla por completo de la circulación. Esto, unido a los lazos con la mafia de Sinatra y el hecho de que la película finalizó casi al mismo tiempo que el asesinato de John Fitzgerald Kennedy, dio pie a la especulación y el surgimiento de oscuras teorías conspiratorias. Hubo que esperar al año 1988 (!) para que el público pudiese volver a verla. Y aún así, la gran mayoría de los países del Pacto de Varsovia, así como otros neutrales como Suecia y Finlandia, se negaron a que se exhibiese hasta la caída definitiva de la URSS, allá por el 1993. Pocas películas han llegado a causar semejante conmoción.

Y bueno, otra cosa de la que estoy convencido es que el público de 1962 tampoco estaba en absoluto preparado para el inocente pero repentino (aunque, lógicamente, inacabado) strip-tease de Leslie Parrish a mitad de película. Aunque claro, siendo hija de un comunista, era normal que fuese una descocada sin mucha verguenza...

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1 Comentarios:

7:00 PM, Blogger Mónica

He visto que la echan hoy en el canal hollywood. esta version creo no la vi, la de Denzel Washintong sip.

 

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