| El segundo candidato de Manchuria | 16 de octubre de 2007 |
Hace justo un mes publiqué una pequeña reseña de la primera adaptación cinematográfica de la novela de Richard Condon The Manchurian Candidate.
Ayer terminé de ver la segunda versión, que al igual que su predecesora ha sido estrenada aquí bajo el nombre de El Mensajero del Miedo. En esta ocasión dirige Jonathan Demme (El Silencio de los Corderos) e interpretan Denzel Washington, Liev Schreiber y Meryl Streep. Hacen papelitos menores Jon Voight y la guapísima Vera Farmiga, a la que le tienen que dar más papeles urgentemente.
Bueno, y ahora el meollo de la cuestión: ¿se puede hacer con dignidad un remake de una película tan rompedora y escalofriante como era la original de 1962? Pues bajo mi punto de vista, se ha conseguido con bastante solvencia. En la nueva versión se han adaptado algunos acontecimientos para hacer contemporánea la acción (se sustituye Corea por la primera Guerra del Golfo, y en el proceso de manipulación de los soldados ahora se usan bio y nanotecnología), pero hay otros detalles aún más interesantes: la trama se contextualiza en un clima de pánico generado que nos recuerda mucho a las tácticas alarmistas de la adminstración Bush, y ahora lo de Manchurian no viene por una nación opositora, sino que se refiere a una multinacional ciclópea que tiene sus tentáculos metidos en política global. La relación entre Marco y Rosie es mucho más creíble en esta adaptación, y la de Shaw con su madre es más enfermiza y taimada.
Se le echa de menos, tal vez, el principio rotundo y brutal de la primera versión, pero creo que es todo un paradigma de cómo hacer un remake: no se trata (sólo) de aprovechar comercialmente la fama de una versión predecesora, sino que se vuelven a explorar las posibilidades de la historia y los personajes al situar la acción en un contexto social, político y cultural totalmente distinto.
Etiquetas: cine


2 Comentarios:
Pero la relación entre Angela Lansbury y su hijo Shaw, en la primera versión, era pura y simplemente incestuosa. La escena del beso no se cómo la dejó pasar la censura de la época. En España directamente la cortaron.
Sip. Lo que ocurre es que en la nueva es aún más explícita la relación incestuosa. En proporción, tal vez es cierto que la sociedad del 62 estaba menos preparada para una relación así, y por lo tanto resultaba aún más perversa.
Yo creo que los censores que tenían que revisar la versión del 62 estaban simplemente borrachos o dormidos...
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