| La regla 34 | 1 de octubre de 2007 |
Hace tiempo leí por ahí que en el submundo del Internet cafre existe la llamada regla 34. Viene a ser algo más o menos como lo siguiente:
Regla 34: Si existe, hay pornografía sobre ello.
Es decir, cuando uno piensa eso de ¿puede haber alguien a quien le pone ver fotos o vídeos de [tal cosa]?, pues la respuesta es sí. Ya sea animal, vegetal o mineral, siempre hay alguien a quien le pone, y por lo tanto busca pornografía sobre ello. Y es más, probablemente serán más de uno, y seguramente no es, ni de lejos, lo más rebuscado/perverso/bizarro que hay en la red.
Personalmente, me vienen a la cabeza tres reflexiones:
1. Por estas cosas no me canso de decir que uno nunca debe dejar a los niños navegar solos. Hay imágenes muy raras por ahí, y los filtros de contenidos no tienen nada que hacer frente al morbo de un chaval. Y todos sabemos que, al final, el porno siempre viene al navegador aunque no se busque (y si encima se busca, pues se pueden imaginar).
2. Si, como se ha dicho muchas veces, Internet es una especie de radiografía de los intereses de la mente colectiva humana (al menos de la mente colectiva humana con acceso a Internet), la mente humana es muy guarrilla. Aunque claro, eso ya lo sabíamos todos, sólo faltaba la prueba.
3. En cierta forma y con la excepción de los contenidos chungos e ilegales (ya saben a lo que me refiero), todo esto no tiene porqué ser malo: viene a confirmar lo maravillosamente compleja que es la mente humana en relación con el erotismo y el sexo. Además, pocas cosas hay tan íntimas y profundas como los estimulantes de nuestra imaginación erótica, y el que haya semejante variedad indica que la humanidad es algo menos uniforme de lo que pensábamos.
Ahora me queda por saber de qué van las 33 reglas anteriores.
Etiquetas: Internet, reflexiones y divagaciones, sexo






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