Yeray-Muad'Dib Blog  

Un caótico depósito de reflexiones, recuerdos y paridas mentales.

Calvin & Hobbes: la gran obra de Bill Watterson 30 de marzo de 2007

Generalmente, no suelo recomendar cómics a gente que no lee cómics. Al menos fuera de este blog, claro. Creo que es mejor que cada uno descubra por sí mismo lo que este medio ofrece, y además, un mal consejo puede cerrar por completo las puertas de los cómics a los que hacen un esfuerzo inicial por conocerlos.

Pero hay una obra que recomiendo a cualquiera, ya sea un "comiquero" experimentado o un auténtico desconocedor del medio: Calvin & Hobbes, de Bill Watterson.

Se tratan de tiras de prensa (es decir, similar en formato a las de Snoopy o Mafalda), protagonizadas por un chaval de unos 7 años y su tigre, que a veces se nos presenta como un animal auténtico, y otras como un mero peluche.

Y he aquí unos cuantos motivos por los que aconsejo encarecidamente esta lectura:

- Algunos guiones son desternillantes. Calvin es un chaval de una imaginación inquieta y creatividad desbordante, que confrontada al realismo cotidiano genera un humor fresco y encantador.
- A menudo, Watterson impregna las tiras de una profundidad inusitada, reflexionando (sin asomo de pedantería) sobre la naturaleza de la vida, las relaciones humanas y la humanidad misma.
- El dibujo, más allá de su inusitada expresividad, es toda una demostración de sensibilidad plástica. Cuando Calvin imagina paisajes extraterrestres, el autor usa paletas melancólicas y evocadores, y cuando Calvin juega a ser un detective privado, el autor captura a la perfección, con gran economía de medios, el ambiente del cine negro de los 50.

Y aunque no tiene que ver (o tal vez sí) con la calidad de la tira, el autor ha demostrado una coherencia personal inmensa: de hecho, luchó con su Syndicate (una especie de mafia que en EEUU hace de intermediaria entre autores y la prensa) para que NO usaran a Calvin y Hobbes en merchandising o series de televisión, incluso a costa de su propio beneficio económico. Uno de los argumentos que esgrima es que resulta dificil transmitir un mensaje sincero y coherente cuando el público ve que cedes tu personaje para que vendan cereales de desayuno.

Quien tenga curiosidad por ver algunas de las tiras, le resultará fácil encontrar unas cuantas por internet (por ejemplo, aquí), y todas ellas en preciosos libros fáciles de encontrar en librerías y tiendas de tebeos.

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Kiwi!, o porqué Internet es bueno 26 de marzo de 2007

Todos aquellos que se quejan con eso de que Internet es cosa de Satanás y que no trae nada bueno, deberían ver al ganador de los premios YouTube, en la categoría "vídeo más adorable". Tres minutos que recordaré toda mi vida.

Por cierto, el bichito del vídeo es un Kiwi: especie de ave no voladora procedente de Nueva Zelanda.

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Programas buenos, programas malos y motos de luz 24 de marzo de 2007

Creo que, quien más quien menos, todo el mundo tiene un puñado de pequeños "pecados cinematográficos": películas que, aun sabiendo que son flojas o incluso realmente malas, uno les tiene cariño por una serie de motivos personales o sentimentales. Uno de los míos es Tron, de Steven Lisberger. La volví a ver hace unos cuantos días, y me pareció incluso más floja de lo que recordaba, pero un poco más abajo expondré los motivos por los que creo que es una pequeña joya del cine fantástico.

Para los que no la conozcan, se trata de un filme de 1982 en el que se narra la historia de un joven programador de videojuegos, Flynn, que es abducido al "mundo electrónico" que reside en los ordenadores por el malvado ordenador central de su antigua corporación. En ese mundo paralelo entra en contacto con los programas, que tienen el aspecto de sus creadores, y que son obligados a luchar entre sí por los caprichos del ordenador central y sus programas secuaces. Sólo el programa Tron, creado por un amigo de Flynn en la vida real, tiene el poder suficiente para liberar al mundo electrónico del yugo del malvado ordenador central.

Ya lo sé: puesto de esta forma, la peli parece un bodrio infumable, pero el concepto tenía los elementos suficientes como para convertirse en una hermosa fábula tecnológica (algo así como un cruce entre "La princesa prometida" y, ehem, "Matrix") de no haber sido por el estúpido empeño de guionistas o productores por hacer que los protagonistas les molasen al público juvenil, mediante chistes idiotas y arquetipos manidos. Por ejemplo, el co-protagonista, Flynn, lo reducen al típico rebelde-ligón-guaperas-chistoso de cientos de millones de películas. Y desde luego, alguien tuvo que haber despedido a tiempo a los responsables de los diálogos.

Pero más allá de los problemas de la historia y los personajes, hay mucho más en Tron. En primer lugar, unos conceptos visuales realmente colosales, por obra y gracia de dos vacas sagradas de la creación gráfica: Moebius (el alucinante dibujante francés responsable de la obra magna del tebeo europeo, "El Incal"), y Syd Mead (en efecto, el de "Blade Runner"). La estética del mundo electrónico, pese a las limitaciones inherentes a la tecnología del momento, es extraña, onírica e intemporal, y algunas imágenes tienen una belleza sorprendente.

Por otro lado, es un auténtico hito tecnológico. La infografía aún estaba en pañales en aquel entonces, y el modelado 3D se hacía mediante descripciones geométricas y topográficas. Para las animaciones, había que introducir a mano las coordenadas espaciales de todos los objetos en cada fotograma. Teniendo todo esto en cuenta, es un logro faraónico que algunos fondos y escenas tengan tanto nivel de detalle, y que la mítica escena de las motos de luz transmita una sensación de movimiento tan vertiginoso.

Pero hay otra razón por la que le tengo un cariño especial a esta película. Mi auténtica motivación al encaminar mis pasos académicos y profesionales hacia los ordenadores fue la infinita capacidad creativa de estas máquinas, y porque me gusta pensar que tras esa fría y opaca fachada de ventanas e iconos (o, en su día, lineas verdes de texto sobre fondo negro) se oculta un inmenso universo que puede maravillarnos o incluso inquietarnos. En parte, Steven Lisberger plasmó esa misma filosofía en Tron, en un tiempo en el que la informática era incluso más oscura e insondable que la de hoy en día. Y la prueba de que su universo electrónico tiene vigencia más allá de las limitaciones del pobre guión de la película está en el soberbio videojuego Tron 2.0, que recupera la estética y algunos conceptos para llevarlos a la informática de nuestros días, y permitirnos interactuar en él en primera persona, en una experiencia sensorial y emotiva realmente impactante.

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Anecdotario de viajes, capítulo 1: Nueva York 20 de marzo de 2007

Se supone que este blog es un "caótico depósito de reflexiones, recuerdos y paridas mentales". De lo primero y lo último hay bastante, pero creo que le falta un cierto toque de anécdotas personales. Y como entre mis mayores fuentes de anécdotas se encuentran mis viajes, de vez en cuando publicaré algunas de mis vivencias por lejanas latitudes.

El primero de esta serie está dedicado a la ciudad de Nueva York. Aunque tendemos a pensar (con bastante justificación) que los USA es un sitio enorme lleno de fanáticos retrógrados, lo cierto es que la ciudad Nueva York es un caso aparte. No escapa por completo a la ola de conservadurismo que invade a los EEUU, pero conserva sus raíces multiculturales y tolerantes, y en muchos aspectos es tan europea como Londres. No olvidemos que personas tan inteligentes y preclaras como Auster o Allen idolatran a Nueva York, y debe ser por algo.

El caso es que estuve por ahí en enero del 2004. Conocimos a mucha gente simpática e hicimos las visitas turísticas obligadas, pero también dio tiempo a explorar un poco más de cerca la ciudad. En Chinatown, por ejemplo, saboreamos tan de cerca el sabor local que estuvimos a punto de presenciar un tiroteo entre un mafiosillo cabreado y el conductor de un coche. Afortunadamente, todo se quedó en susto.

Y por supuesto, participamos del ambiente nocturno. Visitamos locales de toda índole: desde un sofisticado local de Jazz donde hacían jam-sessions hasta un garito punk, pasando por un chill-out árabe (!). En un momento memorable, una de las tres personas con las que viajé (concretamente, el cuñado de un gran amigo mío) logró, sin saber una palabra de inglés, hacerse más o menos coleguilla de un portero de discoteca con cara de asesino y tan grande que uno tarda varios días en terminar de verlo. El gorila en cuestión posó orgulloso con su nuevo amiguete canario en una foto que ya es antológica, y demostrando que no hay nada como la simpatía mediterránea (atlántica, en este caso). Eso sí, los excesos de la noche los pagué a la mañana siguiente, con una resaca descomunal y echando hasta la primera papilla en el baño del albergue, en un espectáculo tan lamentable que algunos huéspedes salieron de sus habitaciones para comprobar si estaban asesinando a alguien. En fin, uno era joven y descontrolado....

Algunos de los momentos más simpáticos del viaje fueron, precisamente, dentro del albergue. Allí conocimos a gente de las cuatro esquinas del mundo, y uno de los últimos días se formó en la cocina una especie de encuentro gastronómico entre los canarios, las inglesas, el escocés y una taiwanesa realmente encantadora, a la que llegamos a tener tanto afecto que su novio (que creo que era de alguna granja perdida de Wisconsin) empezó a tener celos de nosotros y mirarnos mal.

Quedan muchas otras anécdotas para el recuerdo, como cuando casi nos quedamos dormidos en medio de la vorágine de un partido en el Madison Square Garden por culpa de unas simples pastillitas para la garganta (los estadounidenses son exagerados incluso para las medicinas), o la lasaña irracional que sirven en Queens, pero tampoco quiero extenderme demasiado. Concluyo recordando las sensaciones que retengo en mi memoria de aquella visita: el frío intenso del invierno neoyorquino (ése del que Simon & Garfunkel dicen que te hace sangrar) y la visión del océano interminable de ladrillo, cristal y metal que se vislumbraba desde el Empire State. Y por supuesto, jamás olvidaré la maravillosa historia del pollo seco dentro de la caja del portátil, que tal vez cuente por aquí algún día...

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Ciudades oscuras

Hace ya algunos años que el gran escritor y crítico Benoît Peeters comenzó su fascinante saga Las Ciudades Oscuras. En una de ellas, Las murallas de Samaris, imaginaba una ciudad que, a modo de enorme planta carnívora, atraía a sus presas (los visitantes) y las engullía hasta hacerlas formar parte de ella.

Realmente, cuando uno se pone a pensar sobre ellas, las ciudades pueden ser lo más parecido a un ser vivo no humano que ha creado el hombre. Al fin de cuentas, son sistemas enormemente complejos, dinámicos, crecientes y mutables, y hace tiempo ya que se hacen analogías entre los componentes de un organismo y los de una ciudad (las carreteras son el sistema circulatorio, los humanos serían las células, los conflictos sociales y violentos las enfermedades, etc.). Si uno se pone a divagar, quién sabe, tal vez en un futuro de macro-ciudades de cientos de millones de habitantes, una de ellas podría llegar a desarrollar algún tipo de consciencia de sí misma. Al igual resulta que un colectivo de cientos de millones de habitantes interactuando puede llegar a funcionar como un cerebro de un animal primitivo, en el que cientos de millones de neuronas establecen sinapsis. Cosas más raras se han visto.

Y volviendo un poco a un nivel menos divagatorio, lo cierto es que cada urbe suele tener una personalidad bastante definida, que aunque no estoy muy seguro de qué depende, probablemente tiene algo que ver con la arquitectura de sus edificios, la coexistencia con elementos naturales, los tipos de servicios y locales que alberga, y el carácter mismo de sus habitantes. Estos rasgos de personalidad (y ahora vuelvo a divagar), como en toda creación humana, son similares a los que se usan para describir a las personas, y de hecho muchas veces coinciden los descriptores cuando se califican obra y creador (en el caso de las ciudades sería su población). Poniendo como ejemplo a mis tres ciudades favoritas, Tarifa (Cádiz), Edimburgo (Escocia) y Venecia (Italia) las podría describir usando términos como simpática, sociable y mestiza la primera; intelectual y algo sobria la segunda; sofisticada, fascinante y algo decadente la tercera. Curiosamente, coinciden casi por completo con la descripción de sus habitantes, si no fuera porque en Venecia sólo se ven japoneses, que dudo mucho que sean los nativos de la ciudad.

En fin. A modo de conclusión: aunque vivir en una gran urbe puede sacar de quicio y deprimir profundamente, si uno se detiene a ver más de cerca estas monstruosidades se da cuenta que pueden llegar a ser fascinantes.

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Baby-boom 14 de marzo de 2007

Hace poco, recorriendo en coche las calles de las Palmas, parecía que había algún tipo de Baby-boom: en apenas un cuarto de hora me encontré con tres chicas embarazadas.

Además de por el milagro biológico que supone, creo que el embarazo es uno de los procesos más fascinantes que existen por la carga emotiva que tiene, al aglutinar algunos de los sentimientos más profundos y emocionantes del ser humano: amor por otra persona, esperanza e ilusión por un futuro inminente, asunción voluntaria (al menos, casi siempre) de una responsabilidad inmensa... todos ellos con mucha carga de irracionalidad humana, y muy alejados de la mera función de perpetuación de la diversidad genética para la que se supone que está pensado el proceso. Estos motivos son los que hacen que me parezca tan hermoso ver a una mujer en dicho estado.

Por supuesto que comprendo que no todo es tan bonito: están los embarazos no deseados, las molestias físicas, los riesgos del parto... pero en cualquier caso, nada de esto le resta, bajo mi punto de vista, ese aura mágica y fascinante que tienen el embarazo y el nacimiento.

Y todo esto me recuerda a un curiosa curiosa reflexión que hacía el personaje de Watchmen Adrian Veidt: cuando detectaba que en la publicidad y los noticieros aumentaban los mensajes bélicos y reaccionarios, decidía invertir en productos para bebés, porque anticipaba un baby-boom motivado por el clima de pre-guerra. Yo supongo que, de estar ocurriendo uno aquí y ahora, se debe más bien a que somos muy románticos y se acerca la primavera...

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Fusión, new-age y chocolate blanco. 10 de marzo de 2007

En el corazón multicultural y castizo de Las Palmas que es la Plaza de Santa Catalina se pueden encontrar multitud de restaurantes de índole y calidad muy dispares. Anoche decidimos probar suerte con "Opio", perteneciente al reputado grupo Anthurium, propiedad de Kiko Casals.

La decoración del sitio, a priori, asusta un poco: budas con collares de perlas, campanitas colgantes, antorchas y velas por todos lados, pergaminos y esterillas... todo muy espiritual y new-age. Al ver la carta, se conoce el concepto del sitio: en lugar de agrupar la carta por entrantes-primero-segundo o por carne-pasta-pescado, se organiza por especialidades, como los teriyaki o los salteados al wok, y se puede encontrar platos tanto europeos como asiáticos y árabes. Muy divertido e interesante.

En cuanto a la calidad de la comida, los platos son sencillos tanto en preparación como en presentación, pero en general son muy buenos. Destacaría la ensalada de anacardos con hierbahuerto y, desde luego, el prodigioso postre de espuma de chocolate blanco con crujiente canela. Sólo para probar esto último merece la pena visitar el sitio.

Para completar el comentario del sitio, sólo mencionar que el personal fue gentil y servicial, aunque les falta curtirse un poquillo más: es un poco feo interrumpir dos veces la conversación de los clientes para preguntar cómo va todo.

En resumen: comida realmente internacional, ambiente new-age y precio aceptable, y muy cerquita de cientos de sitios de copeteo en los que seguir la noche.

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MirrorMask: el sueño cinematográfico de McKean 7 de marzo de 2007

Dave McKean es uno de los artistas plásticos más originales de nuestros días. Su estilo, inconfudible, oscila entre lo onírico y lo inquietante, y combina magistralmente dibujo, pintura, escultura y retoque fotográfico. Recomiendo encarecidamente a los que lo desconozcan que echen un vistazo a su obra. Una buena forma de hacerlo es visitando ésta o ésta página.

McKean colabora habitualmente con el escritor y guionista Neil Gaiman (¿se acuerdan? hablé de él hace un par de posts), y de hecho fue éste último quien escribió el guión de la primera aventura de McKean en el cine: MirrorMask. Se estrenó en Gran Bretaña a principios del 2006, y que yo sepa, no se llegó a estrenar en España (en Las Palmas desde luego que no)

Dado su rotundo fracaso en taquilla y su particular estética, la película es muy dificil de conseguir en tiendas, aunque siempre hay vías (algunas más legales que otras) para poder verla. Y realmente merece la pena hacerlo, a pesar de las múltiples deficiencias del guión y de una banda sonora especialmente desafortunada. Desde el punto de vista plástico, es posiblemente una de las películas más hermosas que se han hecho nunca. La película empieza de forma convencional, pero desde el momento en el que se introduce al espectador en el mundo onírico creado por McKean, cada fotograma pasa a ser un delirio visual y una experiencia estética. Toda una lección de creatividad y talento desbordantes.

Más allá de las virtudes plásticas, la película narra una bonita fábula protagonizada por una encantadora chica con una imaginación prodigiosa y ciertos problemas de asimilación del mundo adulto. Evidentemente, esto nos recuerda a Laberinto (de Jim Henson, protagonizada por una jovencísima Jennifer Connelly) y de hecho, cualquiera que haya disfrutado de ésta o de Cristal Oscuro seguramente apreciarán MirrorMask. Aunque, para ser francos y con todos mis respetos para el ilustre señor Gaiman, creo que éstas dos últimas películas superan ampliamente en guión y narrativa al filme de McKean que, insisto, es toda una experiencia visual.

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VG7. Abril 2007. Gran Canaria Espacio Digital. 4 de marzo de 2007

Tal vez este post suene a autopromoción, y bueno, puede que lo sea un poco, pero estoy convencido que puede interesarle a muchos de los lectores de este blog.

Hace ya meses que estoy organizando, desde mi puesto en Gran Canaria Espacio Digital (un centro cultural en Las Palmas, centrado en el arte digital), un evento que espero que suponga una nueva mirada al apasionante mundo de los videojuegos.

Se trata de VG7: durante tres días se reunirán en Las Palmas de Gran Canaria grandes expertos en la materia, se celebrarán conferencias y una mesa redonda, estará disponible al público una exposición retrospectiva de las tecnologías del entrenimiento electrónico, y se impartirá un taller de alto nivel. A modo de clausura tendrá lugar un concierto de música electrónica a cargo de dos de los mejores creadores sonoros de la ciudad.

Será del 19 al 21 de abril de 2007. El periodo de inscripción para el taller ya está abierto, y se puede obtener más información sobre el evento en su web. Los ávidos por otros eventos relacionados con las nuevas tecnologías y el arte digital también pueden echarle un vistazo a la web del centro.

Vale, ya está, se acabó la autopromoción.

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Neil Gaiman: el contador de historias 1 de marzo de 2007

Neil Gaiman es toda una rareza en el panorama literario actual. De naturaleza prolífica y heterogénea (ha tocado múltiples géneros, formatos y medios), es adorado tanto por sesudos críticos neoyorkinos y londinenses como por la generación descastada que al salir de la adolescencia en los años 90 buscaban desesperadamente creadores con los que identificarse.

Posiblemente la obra por la que es más conocido es el guión de una serie de cómics que realizó a finales de los 80 y principios de los 90: Sandman. Esta obra se centra en los eternos, un grupo de entidades más antiguas que los dioses que representan -y son- el sueño, el deseo, la destrucción, el desespero, el delirio, el destino y la muerte. La obra, romántica, profunda y surrealista, supuso toda una revolución en el medio. Curiosamente, es uno de los pocos tebeos que tiene más lectoras que lectores, tal vez por la tremenda fuerza de sus personajes femeninos.

Pero Gaiman es, principalmente, un escritor asombroso. En sus libros mezcla realidad, fantasía y mitología con una capa de ironía británica y algunos golpes desternillantes de humor. Tal vez podría agruparse con otros autores fantásticos como Arthur Adams o Terry Pratchett, pero con un giro más urbano y contemporáneo, acercándose a la narrativa de otro de mis favoritos, Paul Auster. Además es el más joven de todos, así que nos queda Gaiman para rato (espero).

Su último libro, publicado en españa hace un par de meses, es "Los hijos de Anansi". Aún no lo he terminado, pero sus primeros capítulos son una gozada. Para los que nunca hayan leído a Gaiman, les aconsejo su recopilación de historias cortas "Humo y espejos" y el asombroso fresco de un Londres alternativo que es "Neverwhere".

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