Yeray-Muad'Dib Blog  

Un caótico depósito de reflexiones, recuerdos y paridas mentales.

Bordeando el invierno nuclear 3 de enero de 2008

Hace ya unas cuantas décadas que los miembros del club nuclear (antiguamente muy selecto, sólo con los EEUU y la URSS, y ahora bastante más concurrido) han recolectado un arsenal de armas de destrucción nuclear lo suficientemente potente como para aniquilar en unas horas toda vida humana en la tierra. Y eso sigue así en nuestros días a pesar de aquellos famosos tratados de reducción de arsenales nucleares, que probablemente sólo pretendían aliviar costes de almacenamiento de armas redundantes.

Ante esta amenaza se puede perder el sueño pensando que al día siguiente uno podría amanecer en un cenicero en lugar de en una cama, o bien se puede asumir que todo eso está más o menos bajo control y de esa forma dormir tranquilo.

Pero aun escogiendo esta segunda opción, aunque se presupongan potentes mecanismos de seguridad y control, está claro que si los EEUU ven acercarse a su territorio un pepino nuclear, sus dirigentes apretarán el botón rojo, se iniciarán los contraataques, los otros responderán y todo saltará por los aires. Y ahora bien, ¿y si esa primera amenaza no era tal, y se trataba sólo de una falsa alarma?. Pues no sólo puede ocurrir, sino que ya ha ocurrido en varias ocasiones. Sólo que distintas circunstancias han conseguido (a veces de forma casi milagrosa) que el dedo se detuviese en el último momento, sin pulsar el botón.

Casualmente ayer me topé, por canales distintos, con distintos artículos que tratan este apasionante tema. El primero de ellos, "The Apocalypses That Might Have Been", narra las situaciones históricas más importantes en las que estuvo a punto de iniciarse el conflicto nuclear. Algunas son espeluznantes, por lo cerca que ha llegado a estar todo de saltar por los aires.

Luego está el incidente de 1983, por el cual el teniente coronel Stanislav Petrov desobedeció deliberadamente órdenes superiores (lo que le costó el retiro forzoso) para evitar el apocalipsis nuclear. Aunque las fuerzas armadas rusas niegan que en su sistema de defensa un sólo hombre pueda iniciar o detener una cadena de estos acontecimientos, las memorias de un alto mando del ejército lo desmiente. Para muchos, este tipo es el mayor héroe que jamás ha existido, al salvar la vida de unos 5.000 millones de persones.

Y por último está el artículo "The Return of the Doomsday Machine". Toca el tema de la Máquina del Juicio, un concepto ya tratado en la maravillosa película satírica Teléfono Rojo, ¿Volamos hacia Moscú? de Stanley Kubrick (cuyo título original, mucho más expresivo, es Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb - es decir, Dr. Strangelove o Cómo Aprendí a Dejar de Preocuparme y a Amar la Bomba). La Máquina del Juicio vendría a ser un hipótetico (o tal vez no tan hipotético, como afirma el artículo) artefacto construido por alguna de las superpotencias, totalmente automatizado, que al detectar un ataque nuclear hacia el territorio nacional lanzaría un contraataque que garantizase la destrucción total de la fuente del ataque. Lo más importante (y siniestro) de esta máquina es su automatización: aunque nadie en el país hubiese sobrevivido, el contraataque se dispararía, por lo que se le llama "dispositivo activado por mano muerta". Da cierto escalofrío.


En resumen: estos artículos nos recuerdan que, aunque la guerra fría ha acabado, los militares siguen divirtiéndose con sus siniestros jueguecitos, y se empeñan en seguir coqueteando con la destrucción de una obra que ha tardado millones de años en completarse: la vida humana.

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