Yeray-Muad'Dib Blog  

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El Amor Absoluto, según Gabo. 23 de enero de 2008

El fin de semana pasado se estrenó en España la adaptación cinematográfica de El amor en los tiempos del cólera, la novela de Gabriel García Márquez. Ayer mismo fuimos a verla.

No voy a entrar en la fidelidad de la película a la novela ni a compararlas, simplemente porque no he leído la obra literaria. Me centraré, por tanto, en la película en sí misma, que está dirigida por Mike Newell (el de Cuatro bodas y un funeral) y protagonizada por Javier Bardem y Giovanna Mezzogiorno (no, yo tampoco había oído hablar nunca de ella). Está realizada con un cuidado exquisito en la reconstrucción de la época y los ambientes, y el argumento se desarrolla de forma fluida y entretenida. La pasión y el romanticismo del argumento están plasmados en imágenes de gran sensibilidad, en las que las interpretaciones están a la altura de unos diálogos deliciosos. Sólo podría achacársele cierta irregularidad en las caracterizaciones (uno no puede creerse la edad que se supone que tiene la protagonista en algunas escenas) y un montaje a ratos algo confuso (especialmente cuando hay saltos importantes en la cronología). Pero bajo mi punto de vista es una película notable, injustamente maltratada por algunos críticos.

Pero, sinceramente, lo que realmente me encantó de la película no tiene nada que ver con sus virtudes cinematográficas: son algunas de las ideas que transmite, y que me imagino que están presentes (y de forma más completa) en la obra origen. Ideas que parten del amor más absoluto, que probablemente es sólo teórico e ilusiorio, pero que puede ser perfectamente el motor de la vida de una persona. Ideas como la del padre de Florentino, que afirmaba en su lecho de muerte que sólo lamentaba una cosa: no haber muerto por amor. O el sufrimiento físico por un amor: la madre de Florentino, viendo la angustia de su hijo ante la incertidumbre de si su amor es correspondido, le aconseja que sufra, que sufra como nunca ha sufrido, porque nunca volverá a tener la oportunidad de sufrir de esa forma. Y muchos otros conceptos que no quisiera citar aquí para no destripar el argumento. Conceptos, en suma, que giran en torno a la pasión y al Amor más absolutos, y que parece que hoy en día están mal vistos en un mundo de corrección y asepsia social y racional, en el que se asume el amor debe ser sustituido forzosamente por la rutina y el engaño. Yo, personalmente, me niego a creerlo.

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