| En el gimnasio | 20 de junio de 2008 |
Como lo oyen. Dado que la WiiFit era insuficiente para las consecuencias de la fantástica oferta gastronómica de Gran Canaria, me ha dado por apuntarme a un gimnasio. Quisiera compartir con ustedes mis impresiones del primer día, que fue ayer.
- La tabla comenzó por un calentamiento de 10 minutos en bicicleta estática, en el que pude comprobar lo que han progresado esos artefactos: ¡cuantos botones, pantallitas y lucecitas! Yo pensaba que seguían siendo simplemente unos cacharros en los que uno pedaleaba, pero creo que hoy en día pueden usarse para encontrar el Bosón de Higgs.
- Mientras pedaleo, pongo a vagar la vista, y ¡segunda sorpresa! en mi gimnasio, en la zona de calentamiento, hay unos enormes pantallotes planos de TV para que la gente se entretenga. Como no podía ser menos, el programa que están echando es El Diario de Patricia. Cosas del corazón para la zona de entrenamiento cardiovascular. Suena apropiado.
- Tras la bici, empieza la tabla de máquinas. De repente, ante tanto contractor lateral, press de nosequé y extensor de nosecuantos, me acuerdo de esos museos con aparatos de tortura de la inquisición. De hecho, seguro que la mayoría de los aparatos de musculación pueden usarse para hacer confesar a las brujas sus prácticas demoniacas obscenas.
- Hablando de obscenidades, seguro que también pueden haber otros usos para esas máquinas, más allá del fitness o la tortura inquisitorial. Y que además también queman grasas. A saber lo que pasa en estos gimnasios cuando cierran al público.
- La música ambiental tampoco es lo que esperaba. ¿ABBA? ¿un icono del glam-gay en ese templo de la machocultura? Imagino que los extremos se tocan.
- Tras unos cuantos ejercicios, toca el final aeróbico: la cinta de correr. Siempre había querido probar una. Es muy divertido, pero un consejo: no miren hacia atrás para comprobar que aún queda cinta por detrás, porque desorienta bastante y puede uno perder el equilibrio. De hecho, yo casi me como la pantallita de controles del aparato. Que, al igual que la de las bicicletas, rivaliza en complejidad con la de un Boeing 747.
En conclusión: fue divertido, y el ambientillo no es tan decadente y narcisista como esperaba. Al igual hasta acabo convertido en un vigoréxico adicto a los press de banca y esos batidos rosas chungos de proteínas y hormonas. Aunque lo dudo.
Etiquetas: íntimo y personal






2 Comentarios:
jajaja. lo de la cinta es verdad. el primer día que la usé, mirépara atrás y casi me esmoño.
En la cinta no hay que perder un punto de referencia visual o te puedes ostiar, es cierto.
Yo voy por la mañana temprano, a las 8 o las 9 y se está de lujo. Pero a partir de las 8 de la tarde, por lo menos así era en mi anterior gimnasio, está lleno de masillas y tontos del culo copando los aparatos.
Un saludo.
PD. Gimnasio si, pero por la mañana tempranito.
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