| Butoh: la danza de la oscuridad | 23 de julio de 2009 |
Cuando se habla de las artes escénicas japonesas, el Kabuki o el Noh suelen ser los géneros que reciben más atención, y por la antiguedad y tradición de las mismas, se suele pensar que el inmovilismo es la norma en el arte dramático de las islas.
Sin embargo, tras la Segunda Guerra Mundial, cuando la sociedad nipona aún estaba sumida en el trauma de las bombas atómicas, se enfrentaba a la caída de sus dogmas y veía como los estudiantes se rebelaban violentamente contra la autoridad establecida, dos personas crearon una nueva forma de expresión artística: el Butoh, que pretendía explorar nuevos horizontes en la danza y alejarse tanto de las imitaciones de bailes europeos que estaban poniendo de moda como de la superficialidad del Noh.
Los creadores del Butoh fueron Tatsumi Hijikata (considerado el arquitecto) y Kazuo Ohno (el alma). Desde el principio fue un tipo de manifestación artística transgresora y rompedora, en la que primaba la libertad escénica y que exploraba abiertamente temas tabú. De hecho, la primera representación Butoh se basó en el Kinjiki de Mishima, en el que se trataba la homosexualidad y la pedofilia.
En el nuevo arte el protagonista, a menudo maquillado completamente de blanco, basa su interpretación en movimientos contenidos, poderosos y grotescos. Es común la improvisación, así como la representación de la transfiguración del interprete y la transición entre estados anímicos. La puesta en escena suele ser minimalista, y la atmósfera de las representaciones oscura e inquietante.
La variedad de estilos y la ausencia de una imaginería común, así como lo desconcertante que pueden ser las actuaciones, dificultan la popularidad del Butoh, e incluso sigue siendo un arte relativamente desconocido en el mismo Japón. Sin embargo, a finales de los 80 diversos grupos empiezan a llevar este arte fuera del archipiélago, y surgen grupos e intérpretes por Europa y América Latina.
Hoy en día se pueden ver representaciones Butoh en circuitos restringidos de buena parte del mundo, e Internet ha facilitado que el público conozca una de las formas artísticas más inquietantes, trasgresoras y oníricas, en las que la exploración corporal y la reflexión interior se conjugan de una forma sorprendente.
Para más información sobre este arte pueden recurrir, como siempre, a su artículo en la Wikipedia, tanto en inglés como en castellano.
En este Tubo pueden ver una espléndida representación Butoh a cargo del bailarín suizo Imre Thormann.
En este otro, de peor calidad de visionado, pueden ver un fragmento de Hosotan, con el co-creador del Butoh Tatsumi Hijikata.
Y también hay material del otro fundador, Kazuo Ohno: Mar Muerto y un pequeño recopilatorio de sus actuaciones.
Que por cierto, Ohno está de cierta actualidad, porque el nuevo disco de Antony & The Johnsons, The Crying Light, está dedicado a él. De hecho, la maravillosa foto de la portada es una instantánea que le sacó en 1977 el fotógrafo Naoya Ikegami.
Etiquetas: Japón






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