| La historia del Palacio de los Soviets | 5 de agosto de 2009 |
La arquitectura soviética es fascinante: aunque la mayor parte de los edicios del periodo comunista estaban diseñados con la funcionalidad y la sobriedad en mente (y la mayoría eran feos a morirse), determinados monumentos y edificios singulares fueron concebidos a lo faraónico, rayando lo disparatado. Se suponía que era una arquitectura al servicio del pueblo, pero se dilapidaban fortunas en inmensas monstruosidades que poco o nada aliviaban los padecimientos de los ciudadanos.
Un buen ejemplo es el malogrado Palacio de los Soviets, cuya historia resumo a continuación:
La propuesta de construir un edificio para el Congreso de los Soviets surgió al mismo tiempo que la fundación de la URSS, a principio de los 20. Sergey Kirov (sí, el del dirigible) propuso que el palacio "debía construirse donde una vez existían palacios de banqueros y terratenientes".
Tras un primer concurso de diseños que quedó desierto, en el 31 unos miembros destacados del Partido decidieron que el emplazamiento para el Palacio debía ser donde se erigía la Catedral de Cristo el Salvador, así que se la cargaron con explosiones. Los restos tardaron más de un año el limpiarse.
En el segundo concurso resultó ganador el diseño de Boris Iofan, que fue desde el principio concebido como una torre coronada con una gran estatua de Lenin. El primer boceto evolucionó hacia un edificio más contundente y corpóreo, que luego fue modificado según instrucciones del mismísimo Stalin (que quería que tuviese la misma altura, o más, que la Torre Eiffel). Los bocetos de la versión final del proyecto muestran un edificio de proporciones descomunales, con una clarísima intención propagandística, que recuerda ligeramente al edificio principal de la Universidad de Moscú.
La construcción empezó en 1939 con la excavación de los cimientos. Sin embargo, los trabajos fueron rápidamente interrumpidos por la Segunda Guerra Mundial, y las estructuras de hierro se usaron en las defensas de la ciudad.
La muerte definitiva del proyecto fue a finales de la década de los 50, cuando los cimientos se limpiaron y se convirtieron en una gran piscina al aire libre, de la que disfrutaron los moscovitas hasta que, en 1995, comenzó la construcción de la nueva Catedral de Cristo el Salvador, que hoy se alza donde debía estar el Palacio de los Soviets.
Sin duda, de haberse realizado, sería una poderosísima atracción turística de Rusia, y tal vez a muchos le resulten inspiradoras las líneas y dimensiones del monumento: al fin de cuentas, se diseñó para que fuese impresionante. Sin embargo, como suele suceder con estos megamonumentos, suelen ser símbolos de regímenes totalitarios, en los que se intenta impresionar al pueblo con obras supuestamentes creadas para ellos que disimulan la podedumbre del sistema.
Etiquetas: arte y cultura, historia






3 Comentarios:
Con un cartel a la entrada:
"Basado en la premisa 'si es grande es bueno' que taaan bien nos ha funcionado hasta ahora"
xD
Eso eso :D
A ver si un día investigo y hago un post sobre las estatuas salvajes que hacían esa gente, que hay algunas bastante curiosas.
Tío, qué bueno el edificio. Es brutal! Y el pedazo de estatua encima... es acojonante!
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